Por: Gabriel Adrián Orozco Maldonado
El eco de los pasos en los pasillos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación no solo resuena con la solemnidad del derecho, sino también con las historias de quienes, desde los rincones más humildes del país, han llegado hasta aquí. Hoy, el encuentro es con un «orgullo de Nayarit»: el ministro Giovanni Azael Figueroa Mejía.
La cita es a las 4:30 en las instalaciones de la Suprema Corte de Justicia, en el inmueble ubicado en Avenida Pino Suárez número 2, Colonia Centro, delegación Cuauhtémoc, en la Ciudad de México.

Antes de ingresar al máximo recinto de la justicia, se puede palpar el estilo capitalino para ganarse la vida, grupos de ambulantes en los alrededores del recinto, entre ellos, el de un bolero con más de 40 años de experiencia, que nos invita a darle vida a unos apretados zapatos, ya víctimas de una larga caminata.

El tic tac del reloj, marca las 4:00 Pm, sabedor de las grandes responsabilidades del ministro Geovanni, nos identificamos y accedemos a la histórica sede, recorremos las escaleras, hasta que por fin llegamos a la oficina, no sin antes apreciar varios murales. Ya en la oficina, una joven trabajadora social llamada Erika Orantes, nos recibe con una gran sonrisa y nos ofrece varias tazas de café, que a decir verdad, las necesitaba, pues tenía 24 horas sin dormir, pues fue un viaje relámpago desde la madrugada proveniente de Guadalajara, Jalisco.

Tras varios minutos, irrumpe Maria Fernanda Gómez, una mujer con gran presencia y liderazgo, ella nos pidió aguardar un poco.

Las manecillas del reloj marcaban las 5:15 pm, finalmente, arriba con una gran calidez el ministro, nos invita a su despacho, un sitio sagrado de estudio y resolución.

Sentados en la sede que se toman las decisiones más trascendentales para México, la charla no comienza con tecnicismos legales, sino con la calidez de dos viejos conocidos que compartieron aulas en la Universidad Autónoma de Nayarit hace casi tres décadas. «Tú estabas en el C y yo en el B», recuerda Giovanni con una sonrisa que borra por un momento la distancia que impone la toga.
De Tuxpan a la cuna del Derecho

Giovanni habla con nostalgia y orgullo de su natal Tuxpan, ese «municipio coquero» que lo vio crecer en una familia dedicada a la salud. Él fue el mayor de cinco hermanos, rompió la tradición familiar al elegir las leyes sobre la medicina.
Relata cómo aquellos domingos por la tarde tomaba el autobús hacia la capital del estado para estar puntual a las siete de la mañana en clase, regresaba los viernes apenas terminaban las conferencias para no perder el vínculo con los suyos.
Su trayectoria es un mapa de perseverancia: desde ser secretario de acuerdos en el Tribunal Superior de Justicia de Nayarit, pasó por una maestría y doctorado en la Universidad Complutense de Madrid —sitio en el que ganó una mención europea, ahí compitió con estudiantes de todo el planeta—, hasta realizar estancias de investigación en la Universidad de Bolonia, la más antigua del mundo occidental.
Romper la «Burbuja» desde el Pleno
Convertido hoy en uno de los nueve ministros de una Corte renovada y mayoritariamente femenina, Figueroa tiene clara su misión: una justicia cercana. «Quiero romper la burbuja», afirma con determinación. Para él, la independencia judicial no es aislamiento, sino empatía. Explica cómo, bajo su gestión, se han postergado resoluciones para escuchar a grupos de manifestantes —campesinos, jubilados o colectivos de mujeres— que claman afuera del inmueble. «No podemos decidir desde el cielo de las ideas; hay que ser conscientes de las consecuencias reales», señala.
Un día normal para el ministro comienza antes del amanecer, enfrenta el tráfico de la capital para llegar a las sesiones previas a puerta cerrada, seguidas de las sesiones públicas televisadas y largas tardes de estudio con su equipo. A pesar de la carga, se esfuerza por mantener una política de puertas abiertas, notifica incluso a las contrapartes en el momento que recibe a una de las partes en un juicio, garantiza así una transparencia absoluta.
El compromiso con el origen
A lo largo de la entrevista, Giovanni demuestra que sigue atento a lo que sucede en Nayarit, lee la prensa local y nacional en sus trayectos. Al preguntarle qué le diría a su «yo del pasado», su respuesta es sencilla pero poderosa: «Hay que ser disciplinado y tener la esperanza de que los sueños se cumplen, pero hay que prepararse para no llegar a improvisar».
La crónica de este encuentro termina con una reflexión humana. Más allá de las sentencias emblemáticas sobre migración, seguridad social o derechos indígenas que ha impulsado, Giovanni Figueroa aspira a un epitafio que nada tiene que ver con cargos públicos o el ego ordinario que dan estos cargos: «Quiero ser recordado como un buen ser humano, cercano y humilde».

Al salir de la Suprema Corte, queda la sensación de que, aunque el camino desde Tuxpan fue largo y lleno de estudios en el extranjero, el ministro Figueroa nunca se bajó de aquel autobús de los domingos; su corazón y su sentido de justicia siguen profundamente enraizados en la tierra que lo vio nacer.
